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Estrés… es mucho más que tres.

El estrés se ha convertido en la primera causa de trastornos emocionales y físicos del mundo moderno. Casi nadie escapa al estrés y aunque somos conscientes de ello nos dejamos arrastrar por él casi hasta el límite sin empezar a buscar cómo combatirlo. Estamos hablando del estrés malo, porque es importante señalar que también existe el estrés bueno, del que hablaremos en otra ocasión.
La aparición del estrés se asocia a múltiples situaciones de la vida, fundamentalmente a aquellas que requieren de nosotros un esfuerzo muy grande, una alta responsabilidad o riesgo o el logro de complejas metas. Cada día son más los que acuden a terapia para tratar de “aplacar” el peso que se acumula en los hombros.
El estrés provoca que nuestro sistema inmunológico se deprima y por tanto todas las enfermedades oportunistas que tenemos esperando afloran para convertirnos en verdaderos despojos humanos. Es común encontrar amigos, que después de terminar su doctorado, luzcan una hermosa calvicie prematura o hayan debutado como diabéticos. No hay casualidad. El cuerpo bajo el estrés se hace sumamente vulnerable. Pero… ¿Cómo evitarlo o combatirlo?
Quiero ofrecerles algunas recomendaciones que ya he puesto en práctica con muy buenos resultados:
- No acumules mucho trabajo.
Proponte metas pequeñas, a corto o mediano plazo, que puedas cumplir sin dificultad y trata de ir cerrando antes de abrir otras nuevas.
- Haz una cosa a la vez como si de ello dependiera la vida.
Concéntrate en lo que estas haciendo ahora. No hacerlo no solo estresa, sino que puede ser causa de accidentes y errores. Al final no habrás hecho ni una cosa ni la otra.
- Agua que no haz de beber…. Déjala correr.
Si la solución no está en tus manos no te agobies de más. Además de no resolver nada estarás cargando con un peso innecesario.
- No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
Este dicho popular, como muchos otros, encierra una gran enseñanza. Aplazar lo que debes hacer solo aumentará la angustia y te pegará a los límites. Imagina que llevas un saco a cuesta con todos tus asuntos pendientes. ¿No quisieras ir más ligero?
- Dala a los problemas su verdadero valor.
Muchas veces nos agobiamos innecesariamente. Vale hacerse la pregunta: ¿qué es lo peor que me puede pasar si no cumplo con esta tarea? Cuando nos respondemos casi siempre llegamos a la conclusión de que nuestro problema no es tan grave y al enfrentarlo con la cabeza fría somos capaces de resolverlo con mayor eficacia.
- Pon en orden tus prioridades.
Si te enfrentas a muchos problemas lo mejor que haces es organizarte, pero no solo para poder enfrentarlos uno a uno, sino para darles el lugar e importancia que realmente meritan. Recuerda no excluirte de la lista, la autoestima es fundamental.
Espero que mis consejillos sean de utilidad a muchos y que lo antes posible me compartan sus experiencias. Eso si… poco a poco y sin que les provoque estrés.
Add comment Julio 2, 2008